Como es mi rutina de escritura


Introducción


Desde que empecé mi cápsula Gémini tengo que reconocer y a pesar de todo mi síndrome del impostor y mi afán de ser el peor enemigo de mí mismo, estoy bastante contento con el ritmo que llevo de escribir cosas. Por supuesto, no es mi ritmo ideal, siempre quiero escribir más y más y tengo como varios escritos a medio, pero que, van poco a poco llegando a su fin.


Todo esto parecerá banal para cualquier otra persona, o no, pero para mí, que nunca he conseguido casi un proyecto realizarlo de manera seguida me parece una auténtica locura. Como digo, y como mayor enemigo de mí mismo que soy, pienso que es lo habitual, que la gente empieza una cosa y la termina, no que tiene un millón de proyectos a medio de los cuales suerte si termina dos o tres que es lo que hago yo. También es que al final he aprendido que a uno lo recordarán, si es que quiere ser recordado por lo poco que ha hecho y no por lo mucho que no, pero eso eso es otro tema.


No me gusta dar consejos


Por estos mismos motivos, no me gusta dar consejos, ni escribir sobre: "10 formas de ser productivo, o ser feliz o escribir más o escribir menos", así que cada vez que escribo algo así es como si me arrancasen una muela sin anestesia ni nada, pero bueno, ya sabemos que hay veces que las muelas hay que sacárselas que nunca se sabe el daño que le hacen a uno o el beneficio que le pueden producir a otro.


Y para qué quiero un blog sino es para escribir


Y claro, llegas a la estúpida conclusión de que si no quieres dar consejos, ideas, compartir, etc, pues para que tienes un blog, cápsula, espacio o como queramos llamarlo. Así que en vez de escribir un: "consejos para ser productivo, como evitar el papel en blanco, o como escribir, simplemente escribiré un, qué hago yo, a mí me funciona y no tiene por qué funcionarte a ti."


Mis fases para escribir más, que no mejor.


Vamos a enumerar mi rutina y qué hace que después de tiempo escribir sea natural, pero antes, un todo lo que hacía que a mí no me funcionaba.


Qué no me funcionaba


1. El papel. Entiendo ese miedo al folio blanco, yo me ponía delante de él y ya está, a otra cosa mariposa. Si el folio en blanco es tu enemigo no le ataques, huye de él, la vida no está llena de valientes sino de cobardes.


2. Libretas temáticas. Tengo un millón de libretas donde decía, aquí escribiré mi tesis, mi libro, mis memorias, mis recetas de cocina. En serio, tengo millones, he comprado más libretas de todos los tamaños que todas las bibliotecas de Alejandría papiros de calidad dudosa. Las pintaba, las nombraba, les ponía pegatinas..., nada. Tengo un escritorio de esos que se cierran que si lo abro un millón de libretas salen como zombies para atacarme.


3. Intentar escribir. Como decía Yoda, las cosas no las intentes, hazlas y en esa simplicidad está todo.


4. Pensar que escribir vale de algo. No lo es, no es importante, por eso es tan importante hacerlo, porque de lo importante no sale nada.


5. Y finalmente, intentar ser quién no soy. No soy ordenado, no soy metódico, no tengo horarios, no hago microhábitos, no escribo 10 minutos al día, no soy ese, soy yo y hago cosas o no y precisamente por eso ahora soy feliz y punto, por eso digo que si tú quieres ser feliz sé tú, pero lo más importante no le compres libros a nadie de auto ayuda, ni vayas a mentorías, charlas, ni a cursos, ni veas sus vídeos, nada. Si esa gente quiere dinero que trabajen.


Qué me ha funcionado a mí (de momento)


1. Tener insomnio. Mano de santo como diría aquel. Dos horas en la cama sin poder dormir es como si el espacio-tiempo se expandiese a unos niveles que en diez minutos has vivido tres big bangs, cuatro colapsos, te has planteado la vida 100 veces y has llegado a la conclusión de que por qué coño no te compras una simple almohada nueva aunque al día siguiente no lo vas a hacer y volverás a tener insomnio. El imnsonio ya no es mi enemigo. Ahora, después de la tercera edad de la historia del universo 300 y 400 me levanto y escribo, o apunto algo en una libretita que sí, tengo al lado de la cama para apuntar cosas que luego no sabré bien qué eran.


2. Si consigo levantarme de la cama y ya aceptando que el día siguiente va a ser una mierda, enciendo mi portátil, sin conexión a internet, y simplemente abro un editor de texto. No tengo word, no tengo nada de eso, solo el notepad o similar y a escribir.


3. Vomito lo que tengo, no me preocupo por orden, control, ortografía, forma, etc. Sí es verdad y no seamos cínicos que al menos hago una estructura que siempre es la misma:


a. Introducción. Aunque no haya nada que introducir


b. Sección 1.


c. Sección 2.


d. Conclusiones


Y nunca hacer subsecciones. Además uso un lenguaje de marcado, mi caso propio de gemini pero que se basa en que las secciones las encabezo con un símbolo de almohadilla (la que me gustaría tener en la cama y no me joda el cuello) y ya está.




4. Por fin, me da algo de sueño, eso sí, ya escucho los pajaricos de la mañana anunciando un día de mierda porque no he dormido, así que se apaga el ordenador y a otra cosa. Al día siguiente, o al siguiente, ya veré lo que he escrito y bueno, pues le pasas un poco la ortografía, lo rehaces para que parezca teligible y a subirlo a la cápsula.


Conclusión


Y así, vamos poco a poco y con la tontería pues ya casi termino un libro de permacomputación, casi termino un libro de relatos de terror y voy llenando la cápsula de artículos, cursos de informática que van poco a poco y más noches de insomnio que ya no las recuerdo con terror sino como experiencias que en el fondo fueron bonitas porque la ansiedad que las generaron se transformaron en algo.


Por cierto, usar un sistema simple como las cápsulas Gemini me ha ayudado mucho. También tengo el típico blog, pero la decisión de si lo que he hecho para Gemini lo comparto en el blog es muuucho después.


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